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Bodegas Territorio Luthier recupera variedades de uva en peligro de extinción

Bodegas Territorio Luthier recupera variedades de uva en peligro de extinción

Esta bodega ubicada en el municipio de Aranda de Duero (Burgos) ha iniciado un proyecto colaborativo en el que planta en nombre de cada amante del vino que lo desee una vid de una variedad minoritaria. De esta manera, han sido plantadas 1.800 cepas en su nuevo viñedo experimental de una hectárea, contribuyendo a la recuperación de estas variedades.

Elena Martín. Redacción.

“Nos hace mucha ilusión que la gente pueda ser parte de esta forma de Territorio Luthier y que entre todos salvemos variedades de uva muy valiosas”, señalan Fernando Ortiz, enólogo y director técnico de esta bodega.

Y es que, actualmente, en nuestro país, solo el 5% del vino que se produce es de variedades minoritarias y muchas de ellas se encuentran en vías de desaparición. En los últimos 50 años estas variedades se han ido abandonando por su baja productividad, en pro de variedades en muchos casos importadas.

Esta bodega, perteneciente a la DO Ribera del Duero, lleva varios años colaborando con el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACYL) y la bodega 3 Ases en una exhaustiva investigación sobre estas variedades minoritarias.

“Nuestro interés cuando nos unimos al proyecto hace dos años era continuar la labor y el trabajo del ITACyL y de la bodega 3 Ases de la manera más práctica. Para ello, la única forma que había era plantar un viñedo con estos varietales que mucha gente no conocía. Pensamos que era una iniciativa muy bonita y especial, que revalorizaría variedades autóctonas perdidas”, destaca Fernando.

El objetivo principal es estudiar su adaptabilidad en la zona de la Ribera del Duero y su uso para elaborar vino comercial que pueda ser amparado por una denominación de origen de calidad.

“En esta plantación llevaremos a cabo la investigación de estos varietales, probaremos vinificaciones de diferentes estilos, estudiaremos cómo se adaptan al cambio climático pero, sobre todo, haremos lo que más nos gusta que es disfrutar haciendo vino” ha explicado Fernando, añadiendo que están muy centrados en todo lo que es autóctono más que de importar varietales que no estén adaptados a las condiciones climáticas y de suelo del territorio.

 

Las protagonistas: variedades autóctonas de Castilla y León

El proyecto ha culminado con la plantación esta primavera de cuatro (Jeromo, Gajoarroba, Mandón y  Puesta en cruz) de las ocho que han sido escogidas para el desarrollo de este proyecto que se implantará en dos años. Estas se han seleccionado por su alta calidad y buena adaptación al terreno.

En cuanto a sus características propias, el Tinto Jeromo se ha definido como el “nuevo tesoro” de Arribes por sus propiedades organolépticas y otras características que la hacen idónea para vinos monovarietales. Destaca su madurez tardía, su alta productividad y rusticidad y la posibilidad de envejecimiento, de acidez elevada y que tiene como resultado vinos muy frescos.

La variedad Gajoarroba se caracteriza por una brotación y maduración tardía, bastante productiva y con aromas complejos. Por su parte, Rabigato-Puesta en cruz es una variedad de uva blanca, racimo alargado y cónico, con una acidez intensa, aromas frutales y posibilidad de envejecimiento. Por último, Mandon-Forcada es una variedad de madurez tardía, complejidad aromática, muy productiva y con posibilidad de ensamblaje con otras variedades.

“Las variedades que hemos elegido son variedades minoritarias de Castilla y León. Estas variedades han desaparecido prácticamente y la idea es recuperarlas para hacer vinos autóctonos que podrán aportar diferenciación y tipicidad”, apunta Fernando añadiendo que además estas cuatro son las más interesantes a nivel organoléptico, acidez y de adaptación al cambio climático, ya que aguantan muy bien la insolación y resisten las temperaturas más altas.

“A pesar de que las circunstancias actuales no son favorables, no nos hemos rendido y hemos decidido seguir con plantación tal y como estaba previsto. Así cuando esta difícil situación de crisis sanitaria mundial acabe nuestros clientes podrán venir a visitar, cuidar y beber en exclusiva la producción de su vid”, explican Cristina Alonso y Fernando Ortiz, socios de Territorio Luthier.

Ellos llevan más de diez años elaborando vinos de la manera más natural posible, de una forma coherente con el medio ambiente y buscando la máxima armonía y la máxima delicadeza. “Nuestro trabajo es elaborar vinos muy elegantes y creo que con estas variedades lo vamos a conseguir”, afirma Fernando.

Arrancaron en 2009 con elaboraciones en una bodega alquilada y en agosto de 2018 inauguraron Bodegas Territorio Luthier, situada en un paraje natural a cinco minutos de Aranda de Duero. Ambos son amantes del vino y proceden de familias dedicadas desde siempre a su producción.

La idea de recuperar variedades autóctonas es acorde a la filosofía de la bodega. Territorio Luthier aparte de hacer vinos muy especiales y diferentes, también está volcada con la recuperación y conservación de la biodiversidad de la zona, que está rodeada de naturaleza y enmarcada en un paisaje de pinos, enebros y corzos.

La vid es una planta de gran resistencia con cuyos frutos se elaboran vinos de mayor calidad cuando se ubica en suelos pobres. Según destaca el enólogo, “esta simboliza nuestra capacidad de adaptación y de resistencia como empresa. El viñedo con los nombres de todos los que colaboren nos recordará siempre las oportunidades que surgen de las situaciones más difíciles”.

Fernando destaca que la innovación en este sector se basa en la concienciación del consumidor hacia el pequeño productor, es decir, que el cliente conozca y valore las pequeñas producciones y el comercio nacional y local por encima de todo.