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Consideraciones fitosanitarias en cereales de invierno en Castilla y León

Consideraciones fitosanitarias en cereales de invierno en Castilla y León

La principal herramienta con la que debe contar el agricultor para abordar una correcta gestión integrada de plagas es el conocimiento de las mismas. En este artículo se resumen las principales plagas y enfermedades acontecidas en los cereales de invierno en Castilla y León durante la campaña 2020 de forma que sirva como información de referencia a tener en cuenta para la próxima campaña de siembra 2021.

María Carmen García Ariza, Mercedes Fernández Villán y Constantino Caminero Saldaña. Área de Plagas. Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León. Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural.

El Observatorio de plagas y enfermedades agrícolas del Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl), en colaboración con la Dirección General de Producción Agro­pecuaria y los Servicios Territoriales de las dis­tintas provincias (Consejería de Agri­cul­tura, Ganadería y Desarrollo Rural de la Junta de Castilla y León) ejecuta,  dentro del marco del Plan Director de lu­cha contra plagas agrícolas (Acuerdo 53/2009, de 14 de mayo, de la Junta de Castilla y León), sus programas relativos a vigilancia y prevención de plagas y enfermedades agrícolas, orientados a la detección temprana de riesgos derivados de ellas y a la emisión, en consecuencia, de alertas al agricultor castellano y leonés, así como in­for­mación de apoyo para sus procesos de toma de decisiones en el ámbito fitosanitario.

En función de lo observado en estos pro­gramas, la presente campaña está trans­curriendo con un mejor estado sanitario de los cultivos con respecto a años anteriores. Esta mejor sanidad es atribuible en primer lugar al efecto de la borrasca Filomena, cuyas bajas temperaturas contribuyeron a la rotura parcial del ciclo invernal de algunas plagas y enfermedades. Por otra parte, a la baja humedad general debido a las escasas precipitaciones acontecidas durante la primavera. Salvo algunos chubascos intermedios con distribución irregular en función de las zo­nas, el régimen pluviométrico por el momento está resultando inferior al del año medio (por ejemplo, el agua caída du­rante el mes de mayo apenas llega al 50% de lo que sería esperable en este mes).

Foto 1. Pulgón en espigado. Foto: F.J. Ciudad Bautista.

Sin embargo, esta mejor apariencia sanitaria no es óbice para que hayan ocurrido algunas incidencias a tener en cuenta, ni para obviar la filosofía eminentemente preventiva de una correcta gestión integrada de plagas, pudiendo establecerse una serie de comentarios y recomendaciones a ser considerados pensando ya en las próximas siembras otoñales.

Antes de comenzar conviene matizar que la redacción de este artículo finalizó el 31 de mayo de 2021, cuando aún restaba un periodo importante del final de campaña. Esto puede provocar el que hayan sucedido nuevos problemas fitosanitarios que no hayan sido tenidos en cuenta en el texto.

Principales plagas

Incidencia de pulgones

Las condiciones del otoño de 2020 fueron adecuadas para que se alargase el ciclo de los pulgones de los cereales (Rhopalosiphum spp., Sitobium avenae y otros), habiéndose detectado casos de transmisión del virus del enanismo amarillo de la cebada (BYDV) asociables a esa época. Si bien con el transcurrir del curso esta transmisión no parece haber supuesto, salvo en casos puntuales, un problema serio en cuanto a expresión de sintomatología y mermas productivas, sí implica la presencia de inóculo en nuestros campos, incluso con casos positivos en muestras en apariencia totalmente asintomáticas. Esta presencia de inóculo debe considerarse como un riesgo potencial para las siembras de la próxima campaña.

Foto 2. Psammotettix sp. Foto: F.J. Ciudad Bautista.

El 10 de mayo, desde el Observatorio se emitió un aviso relativo a incidencia de pulgones en los cultivos de cereal de invierno (foto 1). Pese a que los parámetros poblacionales no parecen haber alcanzado los valores de campañas anteriores, su presencia está siendo relativamente generalizada. De esta forma, se debe permanecer alerta en cuanto a que esa comentada presencia de inóculo del virus se asocie a su posible transmisión por pulgones otoñales en el caso de que, al igual que la campaña pasada, los condicionantes ambientales sean favorables para un nuevo alargamiento de su ciclo, hasta el momento de las nuevas siembras y posterior nascencia de los cultivos.

Al efecto se recuerda que las principales medidas preventivas pasan por la eliminación mecánica del ricio y malas hierbas huésped, evitar un aporte excesivo de nitrógeno en el abonado de fondo y, especialmente en zonas endémicas, el retraso de la fecha de siembra en la medida que la variedad elegida así lo permita. Asimismo, se debe respetar y favorecer la microfauna auxiliar, ya que los pulgones cuentan con numerosos enemigos, tanto por depredación como por parasitismo, que en muchos casos resultan suficientes para el control natural. No obstante, si pese a todo lo anterior se observa presencia de pulgón, el umbral de tratamiento una vez haya nacido el cereal y hasta el inicio del ahijado, está establecido en la observación de un pulgón cada diez plantas.

Virus de enanismo del trigo

Foto 3. Gusano de alambre. Foto: F.J. Ciudad Bautista.

Recomendaciones similares se hacen para el caso del virus del enanismo del trigo (WDV). En este caso los vectores de transmisión no son los pulgones, sino al­gu­nas cicadelas (Psammotettix spp. –foto 2– y Macrosteles laevis). Por el momento su incidencia se ha documentado en 2019 en el noreste de la provincia de Burgos. A falta de una profundización en el estudio del asentamiento de estos in­sectos vectores o de su posible incidencia en otras zonas, se debe permanecer alerta en el caso de un otoño con temperaturas suaves, e incluir como recomendación en los casos de zonas con antecedentes del virus el uso de variedades resistentes.

Plagas del suelo

Las consideraciones frente a la campaña siguiente no deben obviar la habitual preocupación en las siembras de cereal en algunas zonas de Burgos, Palencia, Soria, Valladolid y Zamora por la presencia endémica de dos plagas del suelo: gusano de alambre (Agriotes spp., foto 3) y zabro (Zabrus tenebrioides, foto 4). Relacio­na­do con ambas, como apoyo al agricultor en la lucha contra las mismas, desde el Observatorio se celebraron dos jornadas online, los días 18 y 22 de febrero, con la participación de más de 300 asistentes, en las que se profundizó, con la ayuda de integrantes de la red de agricultores colaboradores del Obser­va­to­rio, en su conocimiento y en cómo afrontarlas.

Foto 4. Larva de zabro. Foto: F.J. Ciudad Bautista.

Si bien para ambos tipos de insectos tan sólo se han relacionado en esta campaña algunos casos esporádicos y de baja incidencia, y aún es algo temprano para cotejar el efecto poblacional que su ciclo reproductivo pueda ocasionar para la campaña venidera, se recuerdan las medidas preventivas de manejo a ser consideradas, especialmente en esas zonas endémicas: la eliminación del rastrojo y el ricio mediante me­dios mecánicos, la rotación con cultivos no huésped (más complicada de concebir en el caso del gusano de alambre por su ca­rácter polífago) y el retraso de la siembra, en la medida de lo posible, en el caso de sembrar cereal.

Tronchaespigas

Continuando con las plagas, a mediados de abril comenzaron a observarse los primeros vuelos de tronchaespigas, confirmándose su generalización en prácticamente toda la comunidad autónoma a fi­na­les del mes, emitiéndose desde el Ob­servatorio el correspondiente aviso a los agricultores el día 26 de abril. De troncha­espigas, en Castilla y León se diferencian dos tipos: Calamobius filum (foto 5), un co­leóptero cerambícido, y los céfidos, pe­que­ños himenópteros de los cuales son asimismo dos especies las habitualmente presentes, distinguibles por las bandas amarillas y negras de su abdomen (bandas transversales en el caso de Cephus pigmaeus, una banda longitudinal en los laterales si se trata de Trachelus tabidus).

Foto 5. Calamobius adulto. Foto: F.J. Ciudad Bautista.

Aunque con diferencias en el ciclo biológico entre ellos, en general todos hacen sus puestas mediante pequeñas incisiones en la parte superior del tallo, desarrollándose posteriormente la larva en su interior seccionando los haces vasculares, impidiendo el correcto flujo de la savia y de los nutrientes, debilitando a la planta. Pasarán el invierno en estado de larva, normalmente en la base del cañote que permanece tras la cosecha, para realizar la pupación, con la posterior aparición de nuevos adultos, con la llegada de la primavera.

Considerando este ciclo biológico, pueden establecerse una serie de medidas preventivas orientadas a la reducción de riesgos la campaña venidera: realizar la cosecha actual dejando la menor longitud de caña posible, enterrado del rastrojo (preferiblemente con labor profunda de vertedera) que reducirá la viabilidad de las larvas invernantes en los restos de cosecha y la rotación de cultivo, evitando sembrar especies hospedantes (cereales).

Otras plagas

Otras de las plagas que han sido detectadas en la presente campaña y que han conllevado la emisión de avisos por el Observatorio, han siso nefasia (Cne­pha­sia pumicana), especialmente en algunas comarcas de Valladolid, Segovia, Sa­la­manca y Zamora y oscinella (Oscinella frit, foto 6). También, de forma puntual o en niveles que no justificaron la emisión de aviso, lema (Oulema melanopa), chinches, garrapatillos o sampedritos (Aelia spp., Eurygaster spp., Carpocoris spp.) y trips (Haplothrips tritici).

Foto 6. Oscinella adulto en espiga. Foto: F.J. Ciudad Bautista.

Todas ellas comparten que, por su ciclo biológico, el mo­mento de incidencia en los cultivos pasa por la llegada previa de los adultos para realizar sus puestas, y normalmente los vuelos de estos adultos provienen del ex­terior (en el caso de la nefasia son las larvas las que llegan directamente a la parcela, por la emisión de un hilito de seda que permite su transporte arrastradas por el viento). De esta forma, en general, las recomendaciones clásicas relacionadas, por ejemplo, con la rotación de cultivos, el uso de semilla certificada y tratada o la re­moción del terreno, no suelen ser tan efectivas como lo son para las plagas citadas previamente a este párrafo.

Enfermedades

Septoria, rincosporiosis y helmintosporiosis

En referencia a las enfermedades, los condicionantes de humedad y temperatura del final del invierno resultaron favorables para la expresión temprana de algunas de las enfermedades fúngicas foliares típicas de la zona: septoria (Septoria spp.) en trigo, rincosporiosis (Rhynchosporium secalis) en cebada (foto 7) y helmintosporiosis (Dreschslera teres) en cebada y avena.

Foto 7. Rincosporiosis. Foto: F.J. Ciudad Bautista.

Desde el Observatorio se emitió aviso al respecto el 10 de marzo, y se organizó una jornada informativa para los agricultores el día 11 de marzo, relativa a su conocimiento, identificación, ciclos y síntomas, sin olvidar las medidas a considerar para su lucha integrada. Si bien en esa época se realizaron algunos tratamientos, los condicionantes ambientales posteriores, especialmente la escasez de pluviometría, motivaron que, salvo en ca­sos puntuales, la expresión de estas en­fermedades se limitase a la parte baja de la planta, sin progresión a las hojas superiores.

Sin embargo, considerando que el inó­cu­lo continúa presente, y que las tres son enfermedades muy habituales en prácticamente toda Castilla y León, a la hora de plantear las próximas siembras deben considerarse las siguientes recomendaciones preventivas: el enterrado de restos de cultivo y ricio, la rotación con cultivos no huésped, retrasar la fecha de siembra en la medida de lo posible, el uso de semilla certificada de variedades tolerantes y la fertilización nitrogenada equilibrada.

Ramularia

Menos habitual a estas tres enfermedades en Castilla y León, pero con presencia confirmada en esta última campaña, es otra enfermedad fúngica foliar como ramularia (Ramularia collo-cygni) en cebada. Si bien su detección ha sido de carácter muy puntual, no deben obviarse frente a ella las posibles medidas preventivas, coincidentes en este caso con las descritas para los tres hongos foliares anteriores.

Roya amarilla

En referencia a la roya amarilla en trigos (Puccinia striiformis f. sp. tritici, foto 8), los primeros indicios se confirmaron, emitiéndose desde el observatorio el correspondiente aviso, el día 26 de abril. Su incidencia ha aumentado en los últimos días de mayo, especialmente en los regadíos, aunque por el momento no ha llegado a los niveles de la campaña 2020. En cualquier caso, debido a su transmisión por el viento, incluso a grandes distancias, las medidas preventivas de cara a la siguiente campaña enunciadas para los anteriores hongos foliares no es esperable que devuelvan un resultado interesante para la roya.

Foto 8. Roya amarilla y roya negra. Foto: F.J. Ciudad Bautista.

En este caso, la medida más adecuada es el uso de variedades resistentes. Al respecto, y para evitar posibles sorpresas posteriores, no debe perderse de vista el cambio potencialmente constante y rápido en el espectro de razas que pudiera estar presente cada año, por lo cual el uso de variedades resistentes a las razas actuales reduce el riesgo y minimiza las posibles necesidades de tratamiento en la siguiente, pero no los descarta.

Roya negra

En Castilla y León era muy infrecuente la ocurrencia de otro tipo de royas, hasta la observación a finales de ciclo en la campaña 2020 de casos de roya negra o del tallo (Puccinia graminis, foto 8) de la que, de hecho, no constaba su incidencia hasta entonces. Sus condicionantes de desarrollo, temperaturas relativamente elevadas con alta humedad, no son muy habituales en nuestra comunidad autónoma durante el ciclo de los cereales, pero la explicación de su aparición repentina no debe excluir su asociación con una posible nueva raza ya descrita en otras zonas.

En la campaña 2021 por el momento no ha aparecido, pero es una nueva enfermedad para el agricultor castellano y leonés y, por tanto, hasta disponer de mayor información que confirme la entrada de nuevas razas y sus riesgos bajo nuestros condicionantes, debe estar especialmente alerta ante su ocurrencia futura.

Otras enfermedades fúngicas

En cuanto a otras enfermedades fúngicas en cereales de invierno, aquellas englobadas dentro del genérico de “males del pie” suelen ser de incidencia poco frecuente y limitada mayormente a parcelas con precedentes, como se ha observado, por ejemplo y por el momento, en la presente campaña con algunos casos aislados asociados especialmente a rizoctonia y fusarium, sin que finalmente hayan evolucionado a situaciones de riesgo. Sin embargo, el antecedente de la campaña anterior, con una incidencia superior a la habitual de mancha oval (Oculimacula spp.) y pie negro (Gaeumannomyces spp.), hace que no se deba bajar la guardia.

Así, especialmente en parcelas con pre­cedentes, si bien con algunas diferencias en función del agente causal finalmente implicado, en general deben considerarse una serie de recomendaciones preventivas para reducir los riesgos derivados del grupo de enfermedades relacionadas con el mal de pie.

En primer lugar, vigilar la posición y evolución de los posibles rodales relacionados con estas enfermedades, para planificar y focalizar especialmente en ellos las medidas preventivas de la campaña siguiente. Entre las me­didas se encuentra también eliminar los restos de cosecha y malas hierbas (especialmente poáceas, pues mu­chas son hospedadoras potenciales). Se deben evitar siembras en suelos pesados o mal drenados, realizando una rotación de cultivos que evite o minimice la sucesión de especies sensibles (más complicado en algunas de las enfermedades, como rizoctonia, con un rango de hués­pedes relativamente alto).

El laboreo es aconsejable que sea profundo, preferible con volteo, evitando tanto las siembras excesivamente tempranas y demasiado densas como la fertilización con exceso de nitrógeno. Y si bien importantes para to­dos los casos, sea cual sea la plaga o en­fermedad, especialmente reseñables para el mal de pie, reducir las labores que puedan herir la planta, evitar el tránsito de ma­quinaria entre parcelas afectadas y no afec­tadas y la limpieza de aperos entre par­celas.
Gestión integrada de plagas

Para finalizar, la principal herramienta con la que debe contar el agricultor para abordar una correcta gestión integrada de plagas es el conocimiento de las mismas. Ese conocimiento debe incluir aspectos que van desde su identificación a las fases de sus ciclos biológicos, pasando por la sintomatología asociada, los momentos críticos de riesgo o los umbrales de tratamiento, sin olvidar las medidas preventivas a considerar para su lucha integrada.

Recogiendo esa necesidad, desde el Ob­servatorio de plagas y enfermedades agrícolas de Castilla y León, se presta un servicio de apoyo directo al agricultor, poniendo a su disposición toda aquella información que pueda resultar necesaria en esta materia. Desde los avisos y jornadas informativas, o la colaboración y sinergia con su red de agricultores colaboradores, hasta los programas de monitorización y seguimiento. “La información es tu mejor apero”, reza el lema de nuestro Ob­ser­va­to­rio. Todo ello disponible, asimismo, en su plataforma web (http://plagas.itacyl.es). El objetivo: apoyar a nuestros agricultores en la compleja tarea de abordar la lucha integrada contra las plagas y enfermedades agrícolas.