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Control de plagas y enfermedades del viñedo

Control de plagas y enfermedades del viñedo

Las dosis expresadas en concentración del caldo (%) o por superficie de cultivo tratada (kg o litros/ha) continúan siendo las formas más usuales en algunos países como España, Italia y Francia. Ambas formas de expresión son incompletas puesto que no permiten por sí solas establecer la dosis ajustada a los condicionantes específicos del tratamiento. La Organización Europea y Mediterránea para la Protección de las Plantas (EPPO), principal organismo responsable de la armonización en protección vegetal, ha tomado cartas en el asunto al establecer las bases un nuevo sistema, más alineado con los criterios actuales.

Santiago Planas de Martí1,2, Carla Roman Rochina2. 1 Servicio de Sanidad Vegetal. Generalitat de Cataluña.2 GI AgroTICa y Agricultura de Precisión. Universidad de Lleida. Agrotecnio.

El 95% de la arboricultura europea (cultivos 3D), unos 10 millones de hectáreas, se localiza en los países de sur. España es el país con mayor superficie, más de 4 millones de hectáreas. Destaca en primer lugar la superficie dedicada al olivar, seguida de la del viñedo, el almendro, los cítricos y los frutales.

La Directiva 2009/127/CE sobre Uso Sostenible de los Plaguicidas aboga por la gestión integrada de las plagas y la disminución de los productos fitosanitarios empleados en la agricultura europea. Este objetivo afecta expresamente a los cultivos arbóreos (3D), donde se suele tratar de forma mucho más intensiva que en los cultivos de bajo porte (2D).

El viñedo, los cítricos y los frutales son los que reciben normalmente un mayor número de tratamientos anuales, de 4 a 12 en el viñedo y de 6 a 14 en los cítricos y los frutales.

Foto 1. a) Eficiencia global estimada del tratamiento con un atomizador convencional: 45-50%.

El Real Decreto 1311/2012 por el que se establece el marco de actuación para conseguir un uso sostenible de los productos fitosanitarios, en su anexo I, apartado 6, explicita que los usuarios profesionales deberán limitar la utilización de productos fitosanitarios a los niveles que sean necesarios, por ejemplo, mediante la reducción de las do­sis.

Si bien el término reducción no es seguramente el más apropiado y en su lugar sería preferible referirse a ajuste, el objetivo es justamente emplear únicamente los productos fitosanitarios en las cantidades estrictamente necesarias para el control de las plagas y, como consecuencia de ello, reducir los costes y mitigar los riesgos personales y ambientales inherentes a los tratamientos.
Expresión de la dosis

Las dosis expresadas en concentración del caldo (%) o por superficie de cultivo tratada (kg o litros/ha) continúan siendo las formas más usuales en algunos países como España e Italia (concentración) y Francia (superficie tratada). Ambas formas de expresión son incompletas puesto que no permiten por sí solas establecer la dosis ajustada a los condicionantes específicos del tratamiento. No obstante, en tratamientos por pulverización, el ajuste a las circunstancias de cada tratamiento puede conseguirse modificando volumen de cal­do (litros/ha).

Los tres parámetros mencionados se interrelacionan a través de la expresión 1.

Expresión 1.
Dosis (kg o litros de producto/ha) = concentración del caldo (%) × volumen unitario de caldo (litros/ha)

El volumen de caldo es establecido por el personal aplicador o por el asesor en GIP. En ocasiones lo aconseja el servicio técnico en la puesta en servicio del equipo.

Si la dosis se expresa en concentración (%) y las instrucciones de uso no limitan el volumen de caldo a pulverizar, existe el riesgo de superar la dosis máxima admisible (DMA) por superficie de cultivo que el Reglamento (CE) 1107/2009 obliga a fijar para cada producto fitosanitario. La DMA se refiere a un valor límite para cada tratamiento o, en algunos casos, a la cantidad acumulada por el conjunto de tratamientos a lo largo del año en la misma parcela.

Figura 1. Deposición de producto sobre la superficie foliar en viñedo en tratamientos a inicio de vegetación (BBCH 30-40) y plena vegetación (BBCH 70-80) (Proyecto Euclid).

De la misma forma, la dosis expresada únicamente por unidad de superficie tratada (kg o litros/ha), sin ajuste al escenario a tratar, tampoco debería ser admitida. Es obvio que las necesidades de producto en una plantación frutal o un viñedo son me­nores a inicio de temporada, cuando la su­perficie foliar es mínima, que cuando la superficie foliar alcanza su valor máximo. Una dosis constante comportará deposiciones decrecientes a medida que avance la campaña (figura 1).

También las cantidades de producto deben variar según la estructura de la plantación (anchura de las calles y altura, frondosidad de la copa) y de la eficiencia del equipo de tratamientos, entendida como la relación (ratio) entre el caldo que se deposita sobre objetivo y el total pulverizado. No es lo mismo tratar con un equipo tradicional, de baja eficiencia (pérdidas por deposición en el suelo y deriva, relevantes) que, con un equipo eficiente, debidamente ajustado a la estructura de la plantación y a las exigencias de control de la plaga a controlar (ej., volumen adicional de caldo). Sobre el valor de la eficiencia de los diferentes tipos de pulverizadores véase la foto 1.

Si los diferentes escenarios se tratan con una misma dosis por superficie de cultivo (kg o litros por hectárea), como ya se ha expuesto, la deposición de producto (ng/dm2) sobre el objetivo tratado variará sustancialmente. Se corre el riesgo pues de que aparezcan zonas con deposiciones inferiores a la mínima efectiva (DME), lo que supondrá un control deficiente de la pla­­ga y/o la aparición de resistencias. También, zonas con deposiciones superiores a las necesarias, comportando riesgos de contaminación y la aparición de residuos en los productos agrícolas.

 

La dosis en el Registro Oficial de Productos Fitosanitarios

La dosis autorizada para los distintos productos fitosanitarios puede consultarse en el registro oficial de del Ministerio de Agricultura, accesible en la siguiente dirección: http://www.mapama.gob.es/es/agricultura/temas/sanidad-vegetal/productos-fitosanitarios/fitos.asp. Accediendo a las resoluciones de apro­bación de diferentes fungicidas, pue­de comprobarse que coexisten diferentes formatos para expresar la dosis (fecha de consulta: mayo de 2018):

Foto 1. b) Eficiencia global estimada del tratamiento con un pulverizador con deflectores: 55-65%.

a) Concentración (%). Corresponde a un nutrido grupo de productos, la ma­yo­ría de los cuales fueron registrados hace tiempo, pero cuya autorización es factible de ser renovada. No se informa sobre el volumen de caldo unitario (litros/ha), ni sobre la dosis máxima ad­misible (kg o litros/ha). Es el caso, por ejemplo, de numerosos formulados de compuestos de cobre contra mildiu.

b) Concentración (%) y superficie de cultivo (kg o litros /ha). Normalmente se recomienda un intervalo de concentración y se informa sobre la cantidad máxima admisible de producto por hectárea. Queda a decisión del usuario la concentración y el volumen de caldo unitario (l/ha). Se trata pues de un sistema más avanzado que permite ajustar la dosis al escenario del tratamiento (dimensiones del cultivo, sensibilidad de la variedad, gravedad de la in­fección, equipo de tratamientos, etc.). Es el caso, entre otros, de los productos registrados con los números 21888 y 24143, para el control del oídio.

c) Concentración (%) y volumen unitario de caldo (litros/ha). Se establecen in­tervalos tanto para la concentración como para el volumen unitario de cal­do y se informa sobre la cantidad máxima admisible por hectárea. Nor­mal­mente debe aumentarse la concentración a medida que disminuye el volumen de caldo unitario, siempre vigilando que la cantidad por hectárea no supere la admisible. En este grupo en­contramos productos más recientes como, por ejemplo, los registrados con los números 25055 y ES-00001, utilizados también para controlar el oídio.

Foto 1. c) Eficiencia global estimada del tratamiento con un pulverizador con salidas individuales: 60-70%.

d) Superficie de cultivo (kg o litros/ha) y volumen de caldo (litros/ha). Se establece una única cantidad de producto por hectárea y un rango para el volumen de caldo unitario, variando pues la concentración inversamente al vo­­lumen de caldo. Un ejemplo de este sistema de expresión es el del producto registrado con el número ES-00008 utilizado para el control del oídio.

Las personas que realizan la labor de asesoramiento, en ocasiones pueden verse obligadas a tomar decisiones sin la garantía suficiente, ya que se hace difícil interpretar los formatos de dosis para prescribir dosis ajustadas. También pueden aparecer problemas en tratamientos con mezclas de varios productos cuya dosis no se expresa en idéntico formato.

Aparecen también dificultades al anotar los tratamientos fitosanitarios en el cuaderno de explotación, donde se especifican los productos y las cantidades aplicadas. Los datos del cuaderno deben permanecer a disposición de la inspección oficial y de las entidades auditoras para la certificación o el marcado de calidad de los productos agrícolas. En ocasiones, pueden aparecer discrepancias entre el tra­tamiento practicado y lo “registrable” de acuerdo con las indicaciones del Registro Oficial de Productos Fitosanitarios.

Para ilustrar lo anterior, véanse los siguientes ejemplos:
– Producto cuya dosis viene establecida como valor único referido a la superficie de cultivo (kg o litros/ha) y que es aplicado a una dosis inferior debido a una de las circunstancias siguientes:
• El asesor decide ajustar la dosis puesto que el cultivo se encuentra en las etapas iniciales de desarrollo vegetativo.
• En la aplicación se emplea un equipo de elevada eficiencia que reduce sensiblemente las pérdidas por deriva y deposición en el suelo y trata uniformemente el cultivo.
– Producto cuya dosis se establece en concentración (%) y que, a inicios de vegetación, es aplicado mediante un pulverizador eficiente a 250 l/ha, volumen muy inferior con el que habitualmente se trata con equipos convencionales:
• Para evitar una reducción drástica de la cantidad aplicada por unidad de superficie, el asesor decide in­crementar la concentración de producto en el caldo por encima de los valores admitidos en el registro.

 

La superficie de pared foliar en los ensayos de eficacia

La Organización Europea y Mediterránea para la Protección de las Plantas (EPPO) www.eppo.int, principal organismo responsable de la armonización en protección vegetal, ha tomado cartas en el asunto al establecer las bases un nuevo sistema, más alineado con los criterios actuales, mediante la norma EPPO 1/239(2) Dose expression for plant protection products:

  • Superficie foliar. La dosis debe referirse a la relación existente entre la superficie foliar a tratar y la superficie total cultivada (leaf area index, LAI).
  • Simplicidad. La dosis expresada en la etiqueta de los productos debe ser fácilmente interpretable.
  • Practicidad. Las instrucciones para los usuarios de los productos fitosanitarios también deben estar claramente expresadas y ser fácilmente trasladables a la práctica de los tratamientos.
  • Aplicación. La dosis debe ajustarse en función de la eficiencia del equipo con el que se aplicará el producto fitosanitario.

En los ensayos de evaluación de la eficacia, previos a la autorización de productos fitosanitarios utilizados en frutales de pepita, viñedo y hortícolas de alto porte, la EPPO recomienda expresar la dosis en unidades de superficie de pared foliar, LWA (leaf wall area).

Para calcular la LWA se utiliza la expresión 2.

Expresión 2.
LWA (m2/ha) = 2 × altura de la copa (m) × 10.000 / anchura de la calle (m)

De momento, el sistema LWA ha sido adoptado por los responsables de la evaluación de productos fitosanitarios de los Estados de la zona central europea, entre los que destaca Alemania, donde los ensayos deberán informarse en formato LWA, aunque también deberá añadirse la información necesaria para convertir la dosis a otros sistemas de expresión. Con­cre­tamente, se debe informar sobre la estructura de la plantación, el volumen de caldo unitario pulverizado y la técnica de aplicación empleada.

 

El volumen de caldo, criterio clave a escala productiva

En la práctica real de los tratamientos en viñedos, la dosis expresada en formato LWA plantea interrogantes. De entrada, el sistema se antoja excesivamente simple al ignorar los factores que la misma EPPO considera importantes: la dimensión de la superficie foliar a tratar y la eficiencia de la técnica que será utilizada para la realización del tratamiento.

Foto 1. d) Eficiencia global estimada del tratamiento con un pulverizador con bajantes: 60-70%.

En España, de momento, el Grupo de Trabajo de Expresión de la Dosis, coordinado por el INIA, organismo independiente para la evaluación de productos fitosanitarios, y del que forman parte los centros de investigación que trabajan en esta te­má­tica, ha propuesto al Ministerio de Agricultura que, en las etiquetas de los pro­ductos, la dosis venga expresada en concentración del caldo (%), juntamente con el volumen de caldo unitario (litros/ha), permitiendo de esta forma disponer siempre del valor de la dosis por unidad de superficie de cultivo (kg o litros/ha).

Comprobamos que el volumen de cal­do unitario (litros/ha) a pulverizar aparece siem­pre como un factor vinculado a la dosis de los tratamientos y a sus diferentes formas de expresión.

La cuestión inmediata es ¿cómo establecer el volumen de caldo idóneo en cada escenario? Algo sí está muy claro: el caldo a pulverizar no debe responder a un volumen fijo sino a un intervalo ajustable según la estructura de la plantación y la eficiencia del equipo de tratamientos. Al mismo tiempo, deberá considerarse la dosis máxima admisible (DMA) al objeto de no superarla: para una determinada concentración de producto (%), un límite máximo del volumen de caldo a pulverizar (l/ha).

La decisión final sobre el volumen queda pues en manos del personal asesor en GIP o de los responsables de la aplicación. De aquí la importancia de que dichas personas estén formadas a fondo en pulverización. También es relevante la disposición de instrumentos de cálculo del volumen de caldo optimizado.

 

DOSA3D, ajuste optimizado de la dosis

Figura 2. Sistema DOSA3D www.dosa3d.es para optimizar los tratamientos fitosanitarios en cultivos arbóreos.

En este escenario surge el sistema DOSA3D www.dosa3d.cat, desarrollado por la Universidad de Lleida-Agrotecnio, en colaboración con el Servicio de Sa­nidad Vegetal del Departamento de Agri­cultura de la Generalitat de Cataluña (figura 2). El sistema establece el volumen de cal­do y la dosis en tratamientos por pulverización en viñedo y frutales en espaldera, cítricos y olivar, propiciando la disminución de los costes y los riesgos de los tratamientos. Los criterios sobre los que el sistema decide son los que precisamente se han ido reiterando:

  • Estructura de la plantación: anchura de las calles, altura y anchura de la copa.
  • Estadio vegetativo: se distingue entre estadio inicial, media estación y plena vegetación.
  • Eficiencia de la aplicación: se establece a partir del tipo de equipo de tratamientos y las dimensiones de la copa (eficiencia para la deposición y penetrabilidad).
  • Plaga o enfermedad a controlar: incremento del volumen de caldo para controlar eficazmente determinadas plagas (ej., ácaros en viñedo).

El sistema incorpora también el producto fitosanitario y el valor de la dosis en los formatos actuales: concentración (%) o unidad de superficie de cultivo (kg o litros/ha). La entrada de datos es muy rápida, sencilla y amigable para el usuario. Existe también la versión descargable para móvil Android que permite calcular en la misma parcela.

Foto 1. e) Eficiencia global estimada del tratamiento con un pulverizador con túnel de recuperación: 65-80% (Proyecto Euclid).

Incorporados los datos, el sistema devuelve el valor del volumen de caldo a pulverizar (litros/ha), la eficiencia global del tratamiento y, a título informativo, la dosis ex­pre­sada en LWA (kg o litros por 10.000 m2 de LWA).

El cultivo del viñedo entraña mayor complejidad. Anualmente evoluciona des­de la inexistencia de vegetación a tratar (final de invierno) hasta el pleno desarrollo (de cuajado del fruto a vendimia). El valor del índice de área foliar oscila entre cero y un máximo de dos, dependiendo de la es­tructura, la variedad, el vigor y la poda, despunte y deshojados de primavera y ve­ra­no. Adicionalmente, la morfología de los órganos vegetativos (hojas y sarmientos) dificultan la penetración de la pulverización y la deposición de las gotas en la totalidad de las superficies a proteger. La elección del equipo y su calibración previa a lo largo de la campaña son cruciales. Con­tra­ria­men­te, las pérdidas por deriva y de­posición en el suelo pueden ser muy elevadas.

El sistema DOSA3D está siendo validado por tercer año consecutivo en la DO Costers del Segre y, por primera vez, en esta campaña, en la DO Penedés y DO Ta­rragona. Colaboran intensamente en este trabajo las Agrupaciones de Defensa Vegetal (ADV) de las respectivas zonas.

 

El rol del asesor en GIP

Finalmente, cabe resaltar la trascendencia de la labor de las personas que asesoran en GIP. También la relevancia de la transferencia tecnológica realizada por los centros universitarios e institutos de investigación españoles. Gracias a ello, hoy en día, buena parte estos profesionales son buenos conocedores de los equipos de aplicación y de sus efectos determinantes sobre la eficacia y los riesgos personales y am­bientales de los tratamientos.

A nivel práctico, este bagaje posibilita la toma de decisiones cada vez más ajustadas a las necesidades estrictas del control fitosanitario. También se ven reducidos los tiempos requeridos para la ejecución de los tratamientos y la oportunidad de los mismos mejora, cuestión de gran relevancia en campañas como la presente en la que la climatología acrecienta el desarrollo de en­fer­medades.

 

Conclusión

La racionalización en el uso de los productos fitosanitarios nos acerca a un cambio substancial en el sistema de expresión de la dosis, ha­ciéndolo más acorde a la eco­nomía de recursos y a la mi­tigación de los riesgos asociados a los tratamientos fi­tosanitarios.

El cambio afectará indistintamente las etapas previas a la autorización oficial de los productos fitosanitarios (ensayos de eficacia) y al empleo de los productos en la agricultura productiva. Deberán adaptarse pues el contenido de los documentos que conforman los dosieres que examinan los evaluadores zonales, la resolución aprobatoria de las autoridades y las etiquetas e instrucciones de uso de los productos fitosanitarios.
Por último, la decisión final sobre la do­sis continuará en manos de las personas que ejercen la labor de asesoramiento. Para apoyar dicha decisión, el sistema DOSA3D constituye un instrumento de gran utilidad. n

 

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