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Horticultura basada en la biodiversidad en los invernaderos almerienses

Horticultura basada en la biodiversidad en los invernaderos almerienses

El modelo de producción hortícola del invernadero almeriense está evolucionando. Hemos pasado de una agricultura estéril dependiente de agroquímicos, a una donde cada vez más se integra la biodiversidad en la producción. Hoy en día contamos con numerosos ejemplos de agricultores que incorporan estrategias agroecológicas en sus invernaderos, promoviendo, a través de la biodiversidad, servicios esenciales como la polinización, el control biológico de plagas y enfermedades, la purificación de agua o el reciclado de nutrientes.

Eduardo Crisol Martínez, Jan van der Blom y Melchor Juan Cazorla. Asociación de organizaciones de productores de frutas y hortalizas de Almería (Coexphal).

A continuación, explicamos algunas de estas prácticas, respaldadas por la ciencia y la experiencia empírica de agricultores y técnicos en campo, presentes en invernaderos en Almería.  

Control biológico y setos

Desde 2007 el control biológico constituye la base para la regulación de plagas en la mayoría de cultivos de invernadero, sobre todo en pimiento. Cada año se realizan, de forma rutinaria, sueltas de insectos beneficiosos, depredadores y parásitos de las plagas de los cultivos, reduciendo así la necesidad del uso de insecticidas. Estas sueltas han permitido mejorar la calidad de los cultivos, favoreciendo la sostenibilidad económica y ambiental del mo­delo, centrado en la exportación hortícola.

Además de las sueltas de insectos be­neficiosos, existe una alta diversidad de enemigos naturales que aparecen en los in­vernaderos de forma espontánea desde los entornos. Estos enemigos naturales tienen un papel clave, y cada vez más re­conocido y documentado. Así ocurre por ejemplo con los parasitoides de Tuta ab­so­luta, así como con muchos enemigos naturales de mosca blanca, pulgón, trips, y otras plagas. En este sentido, es importante recalcar que hay que generar las condiciones adecuadas para que una am­plia gama de especies pueda contribuir. Den­tro de los invernaderos, es habitual en­contrar plantas auxiliares con abundante floración, mientras que alrededor de los invernaderos, hay cada vez más iniciativa para plantar setos (foto 1).

Foto 1. Seto de bajo porte, compuesto por diversas especies (lavanda, margarita playera, olivarda, etc.).

Esta diversidad de plantas con floración, tanto dentro como alrededor de los in­vernaderos, ofrece refugio y alimento para los insectos beneficiosos, permitiendo así que aumenten en número. Además, los setos actúan como una barrera frente a las plagas, haciendo que estas centren su atención en las plantas que hay en ellos, en lugar de en el cultivo. De esta ma­nera, los setos son una herramienta complementaria a las sueltas de bichos, y por tanto refuerzan el control biológico de plagas en invernaderos.

La plantación de setos también ayuda a conservar biodiversidad, es habitual ob­ser­var multitud de polinizadores en las flores. Además, los setos con mayor complejidad estructural pueden favorecer la aparición de vertebrados, como aves, reptiles o murciélagos, que también pueden contribuir a controlar las plagas.

Los setos tienen otras funciones muy im­portantes como fomentar la actividad de mi­croorganismos en el suelo, promoviendo el aumento del contenido de materia orgánica del mismo. Además, las raíces de todas estas plantas fijan el suelo, reduciendo la erosión por escorrentía, sobre todo en ta­lu­des. También es importante la estética que aportan los setos al paisaje, transformándolo en un entorno más agradable.  

Conservación de la biodiversidad animal

Las aves y los murciélagos son buenos bioindicadores en los entornos agrícolas. Es decir, su presencia nos habla sobre la calidad ambiental del medio. Es importante señalar que, numerosos estudios científicos indican que tanto aves como murciélagos cumplen un papel importante en la re­gulación de plagas de los cultivos. Aun­que algunos de estos animales pueden pasar desapercibidos (particularmente los murciélagos, que son pequeños mamíferos nocturnos), su actividad contribuye significativamente al control biológico de las plagas en muchos cultivos.

Foto 2. Cajas nido para murciélagos insectívoros instalados en un invernadero, por medio del Grupo Operativo Ideas.

Existen alrededor de treinta especies de murciélagos en Es­paña. Su dieta está compuesta principalmente de insectos, sobre todo polillas, moscas y mosquitos. Por otro lado, algunas de las especies de aves que habitan en los entornos de invernaderos en el su­reste de la península, como el mosquitero común, la curruca, el jilguero, el verdecillo, o el carbonero, también se alimentan de insectos. Además, es interesante se­ñalar que aves y murciélagos complementan su actividad insectívora, ya que ca­zan en momentos distintos, los primeros durante el día, y los segundos, al caer la noche.

La supervivencia de aves y murciélagos en los paisajes de invernaderos de­pende de la disponibilidad de hábitat. La mayoría de las aves insectívoras asociadas a los sistemas agrícolas necesitan ma­torrales donde ocultar sus nidos. Los murciélagos y también algunas especies de aves usan árboles aislados, cuevas, y huecos en construcciones para anidar. Para paliar la escasez de hábitat en zonas in­vernadas se pueden instalar refugios artificiales, como las cajas nido. Ac­tual­men­te, hay iniciativas vigentes como el Grupo Operativo Ideas (www.goideas.es), donde, entre otras prácticas agroecológicas, estamos impulsando la instalación de cajas nido para aves y murciélagos en los paisajes de invernaderos en Almería (foto 2).  

Balsas naturalizadas

La expansión de las explotaciones agrícolas en provincias como Almería ha conllevado la aparición de multitud de balsas destinadas al regadío. Estas balsas cumplen una función muy importante en la producción agrícola y por eso es fundamental realizar una buena gestión de estas.

Los agricultores han realizado tradicionalmente un manejo con desinfectantes químicos lo cual, lejos de mejorar la calidad del agua, en muchos casos la empeora. El agua de buena calidad debe de ser transparente (pocos sólidos en suspensión), bien oxigenada (cercana a la saturación en oxígeno) y libre de patógenos. Un agua que tuviese estas características no daría problemas de atoramiento en los sistemas de filtración ni de uniformidad de riego en la explotación agrícola. Además, evitaría la proliferación de enfermedades transmitidas por pa­tógenos en el agua (con el perjuicio de tiem­po y dinero que ello conllevaría).

Foto 3. Detalle de la planta Chara sp. (a) y balsa con plantas acuáticas (b).

Desde el momento en que una balsa se limpia o se construye, la situación de buena calidad del agua puede presentarse durante un periodo de tiempo relativamente breve, ya que en muchos casos co­mien­zan a proliferar las algas. La respuesta de muchos propietarios suele ser tratar el agua con desinfectantes químicos, cosa que no está permitida, y es además una práctica poco efectiva ya que al poco tiempo volverán a aparecer las algas y los problemas que estas implican.

Este perjuicio agronómico podría tener solución con un manejo agroecológico, ya que se ha demostrado científicamente que la presencia de ciertas plantas acuáticas en las balsas ayuda a mejorar significativamente la calidad del agua. Hay varios tipos de plantas acuáticas sumergidas pre­sentes en nuestra región, entre las que se encuentra el género Chara sp. (foto 3a).

Estas plantas se establecen de forma na­tural en las balsas, fijándose en el fon­do, y favoreciendo la transparencia del agua, especialmente en días de más viento (foto 3b). Como vegetales que son, au­mentan la oxigenación del agua. Al tener un crecimiento rastrero, no interfieren en la toma de agua de la captación. Estas plantas eliminan las microalgas del agua, por competencia entre especies (es decir, que el agua no se torna verde). Una mayor di­versidad acuática promueve la aparición de antagonistas naturales frente a los pa­tógenos. Por último, ahorramos dinero en el uso de desinfectantes químicos.