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Setacor completa el círculo cultivando setas para mejorar la fertilidad del suelo de su olivar

Setacor completa el círculo cultivando setas para mejorar la fertilidad del suelo de su olivar

Apasionada de la micología, María Rosas Alcántara, gerente de Setacor, decidió hace 11 años romper con los esquemas tradicionales de su empresa centrada en el cultivo de seta gris común, e integrar nuevas especies. Además, Setacor lleva a cabo un sistema de agricultura circular en el que utiliza las hojas del olivo para el sustrato de los hongos y una vez agotado este, sirve como fertilizante para enriquecer el suelo de su olivar en ecológico.   

Elena Martín. Redacción

Setacor es una pequeña empresa cordobesa que nació en el año 2002. Comenzaron cultivando setas de la variedad más conocida, la seta gris o girola, comercializándola en mercados mayoristas, hostelería, grupos de consumo y fruterías; pero pronto se dieron cuenta que necesitaban un cambio ya que el valor añadido de los productos agroalimentarios estaría en la calidad, frescura y mimo en el servicio.

Con el objetivo de saber más acerca del cultivo de setas, María Rosas Alcántara, cordobesa y bióloga especializada en botánica, viajó junto a otros compañeros a Alemania, para recibir una formación especializada.

Esto le permitió poner en marcha su cultivo con nuevas estrategias y, sobre todo, con nuevas especies como la seta de chopo, de cardo, enoki, hongo limón, seta rosa de coral, melena de león, entre ellas. “En el mundo se cultivan más de 150 especies de setas y en España solo se comercializan tres. Nuestro objetivo es ofrecer productos diferentes y dar a conocer el mundo de la micología al gran público”, afirma María Rosas.

Setacor se instaló en Villafranca de Córdoba por su buena ubicación a nivel logístico. La finca tiene 3.000 metros cuadrados, 2.500 son terreno exterior y están dedicados a una huerta de hortalizas para su venta local, y los otros 500 metros están ocupados por una nave climatizada donde siembran, incuban y producen las setas.

 

Producción integrada setas y AOVE

En 2011 Setacor adquiere un olivar joven de cinco hectáreas compuesto por 1.100 árboles en un marco de plantación de 6 x 8 m. Tienen olivos de la variedad Picual, con algún Arbequino intercalado con el interés de elaborar un aceite de alta calidad, picante pero con un comienzo en boca afrutado. “Por esa razón también lo recolectamos temprano, en verde, justo cuando comienza el envero, para lograr un aceite verde con el mayor nivel de antioxidantes”, destaca.

Aparte de ofrecer otro producto propio al mercado como es el aceite de oliva virgen extra (AOVE) ecológico, tener el olivar le ha permitido crear un proyecto de agricultura circular en el que los materiales nutren entre sí a setas y olivos formando un círculo en el que no se genera ningún residuo. Por ello, María Rosas ha recibido recientemente el Premio de Excelencia a la Innovación para Mujeres Rurales en la categoría de la Actividad Agraria.

Un reconocimiento estatal del que está muy orgullosa: “este premio ha sido como un impulso a continuar la trayectoria y saber que nuestro trabajo, tanto de I+D+i como de campo, va por buen camino.  Además, es una gran oportunidad de visibilidad positiva que de otra forma no sería posible”, apunta María Rosas.

El equipo Setacor, a raíz de comprar el olivar, empezó a investigar con qué residuos orgánicos podían mejorar el sustrato para el cultivo de sus setas. Después de muchas pruebas con otros materiales como la paja de cereal, el alperujo, etc. vieron que la hoja del olivo era de los que mejores resultados ofrecía. Y es que, su objetivo desde el principio fue enlazar el olivar con las setas.

De esta manera, en Setacor cultivan setas en las hojas de su propio olivar. Una vez llevan la cosecha de aceituna a la almazara, recuperan esta hoja que queda y la mezclan con serrín y varios materiales orgánicos más para elaborar el sustrato final. Asimismo, una vez finalizado el ciclo de producción de setas, cuando ese sustrato ya está agotado, se somete a un proceso de compostaje para incorporase seguidamente al suelo del olivar, mejorando de esta forma su fertilidad y contribuyendo a la conservación de la biodiversidad de la zona.

Este sustrato está enriquecido con el micelio de los hongos, el cual tienen un alto contenido en nitrógeno, base de cualquier abono que se utiliza en agricultura. Por consiguiente, tiene una relación de C y N muy buena, según explica María.

Este modelo de producción integrada de hongos y AOVE se complementa con otra línea de negocio que lleva a cabo Setacor y que es la transferencia de innovación y conocimiento a través del apoyo a emprendedores de toda España y continentes africano y americano.

 

Olivar de Setacor

Al principio, el suelo del olivar era pobre en materia orgánica. En la actualidad, está muy por encima de lo normal. La media en materia orgánica de la campiña cordobesa donde está ubicado el olivar registraba un 0,8% y los análisis de suelo más actuales muestran que ya van por 2,4%. Esto justifica que el sistema de fertilizante que utilizan no solo beneficia a la salud del árbol sino que mejora la calidad del suelo en materia orgánica de la zona cultivada.

“Con nuestro fertilizante hemos duplicado la materia orgánica del suelo en cuestión de cuatro años. En el próximo análisis que hagamos espero haber triplicado la cifra. Además, con esta práctica estamos secuestrando toneladas de CO2 y contribuyendo a mitigar su efecto a la atmósfera”, apunta María Rosas.

Compraron la finca de olivos cuando tenían un par de años y, en seguida, lo convirtieron a ecológico en regadío, un proceso que, según cuenta María, se alargó tres años. Con 11 años ya, los olivos producen 4.000 kg/ha.

“Debido a nuestra inexperiencia olivarera, los árboles han ido más lentos de lo que nos gustaría, pero lo importante es que están creciendo bien y empiezan a dar cosechas mejores”, destaca María Rosas, siendo consciente de que un olivar con esa edad, tanto en convencional como en ecológico, ya estaría dando más producción.

Y es que, cuando comenzaron con esta finca perdieron 100 árboles por verticilosis, una enfermedad originada por el hongo de suelo Verticillium dahliae Kleb. muy presente en Andalucía y la más grave desde las perspectivas fitopatológica y económica, según el Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera de la Consejería de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural de Andalucía (Ifapa).

El diagnóstico en ese momento fue muy negativo para ellos, ya que pensaron que perderían el olivar entero. Pero mediante los tratamientos a nivel ecológico y la incorporación del fertilizante de los hongos que destaca por su alta carga microbiana, Setacor pudo salvar lo restante de su plantación.

“Sin haberlo planificado creamos una lucha biológica que favoreció en ese momento el cultivo. Desde entonces no hemos vuelto a perder ningún árbol más por verticilosis”, afirma María Rosas. En la actualidad, Setacor se prepara para la recolección en verde durante el mes de noviembre.

En términos de mercado, su objetivo en un futuro es ser capaz de elaborar un producto que englobe las setas y el aceite, como por ejemplo el aceite aromatizado con hongos o la mermelada de aceite con cardo. Además su interés es expandir la comercialización de sus productos a nivel nacional, ya que hasta ahora lo hacían a nivel autonómico. Un deseo que ya están consiguiendo ya que envían setas y AOVE a toda España.