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Comportamiento de las nuevas variedades alternativas de cebada

Comportamiento de las nuevas variedades alternativas de cebada

El impulso dado en España a la puesta en regadío de nuevas zonas agrícolas en los últimos decenios ha conllevado, entre los muchos cambios que comporta, el de la adaptación de los agricultores a las técnicas e inputs de la actividad agrícola propios de la producción agrícola en regadío. En el presente artículo se pretende repasar algunas de las principales características del nuevo material vegetal de cebada que deberían considerarse antes de la decisión de su inclusión en la actividad productiva.

Antoni López Querol, Josep Anton Betbesé Lucas y Ezequiel Arqué Moreno. IRTA Lleida.

En el caso de la producción de cultivos extensivos, la especie mayoritaria ha sido hasta ahora el maíz dado el mayor margen bruto económico final del cultivo respecto a otras opciones tradicionales como pueden ser los cereales de invierno o forrajeras como la alfalfa. El encarecimiento de los costes del agua de riego, junto con el descenso en los precios de comercialización del maíz durante los últimos años, están haciendo incrementar la superficie dedicada a la producción de cereales en condiciones de regadío, capaces de asegurar elevadas producciones con un coste hídrico inferior en más de un 50% al del maíz, así como unas necesidades de inversión en inputs de campaña muy inferiores.

Si bien el cereal tradicional producido mayoritariamente en regadío ha sido hasta ahora el trigo blando, la irrupción en nuestro mercado de nuevas variedades de ce­bada de alto potencial productivo, junto a la disminución progresiva del diferencial del precio de comercialización del trigo respecto al de la cebada, están haciendo au­mentar significativamente la superficie de esta última en nuestros regadíos.

Figura 1. Distribución de la superficie de cebada cultivada en regadío en España, por comunidades autónomas. Fuente: MAPAMA, 2016.

Según datos del Ministerio de Agri­cul­tu­ra, Pesca y Alimentación de 2016, la su­perficie total dedicada en España al cultivo de cebada en regadío fue de 325.909 ha. La mayor parte de esa superficie se sitúa en las comunidades de Aragón, Castilla y León y Castilla-La Mancha, que concentran el 80% de la superficie (figura 1).

La producción tradicional de cebada en España había relegado esta especie a las zonas de secano con menor potencial agrícola e incluso marginales, dedicándose las mejores parcelas a la producción de trigo, más exigente que la cebada en cuanto a condiciones de cultivo. La gran rusticidad de las variedades de cebada tradicionalmente cultivadas hasta ahora ha hecho posible la producción de grano en grandes superficies de secano de España donde las condiciones edafoclimáticas hacían difícilmente viables otras producciones agrícolas alternativas.

La paulatina disminución de la superficie dedicada a la producción de cebadas hexásticas o de seis carreras y de variedades que se han venido cultivando en Es­paña durante muchos años es consecuencia de la irrupción en nuestro mercado de nuevas variedades modernas cuyo potencial de producción, mucho mayor, eclipsa, a priori, las expectativas de producción habituales con las variedades utilizadas tradicionalmente. Este cambio en el material vegetal implica, sin embargo, el conocimiento de las características y ne­cesidades de éste, necesarios para la óptima explotación de su potencial.

 

El nuevo material vegetal de cebada

Ya quedan lejos los años en que pertenecer al selecto “Club de los 10.000” en Eu­ropa era un signo distintivo de excelencia en el ámbito de la producción cerealista, bien por tener la fortuna de disfrutar de las condiciones ideales para la producción y/o por la buena praxis profesional del agricultor. El club estaba reservado a aquellos agricultores capaces de lograr rendimientos productivos superiores a los 10.000 kg/ha de cereal.

Figura 2. Contribución estimada de los distintos factores de producción al incremento de la producción cerealícola.

El incremento de los rendimientos agrícolas en los últimos años ha sido, sin em­bargo, espectacular. En estas últimas campañas, por ejemplo, no han sido pocos los agricultores que han superado las 10 t/ha de producción de cebada en los regadíos del Valle de Ebro. Buena parte de este importante crecimiento en los rendimientos es debido al nuevo material vegetal cultivado. Se estima que la aportación de la mejora genética al incremento de la producción agrícola en conjunto es del 80%, correspondiendo el 20% restante a la aportación en el mismo sentido de fertilización, protección fitosanitaria, mecanización, etc., (figura 2).

En un estudio del IRTA en base a los resultados productivos de su red de ensayos de nuevas variedades en Cataluña entre 1998 y 2008, se constató un incremento de los rendimientos medios de las cebadas de tipo alternativo de un 19,8%, lo que significa prácticamente un 2% de incremento anual (figura 3).

Con el desarrollo de la producción de ce­bada en regadío, estamos pues ante una realidad con resultados satisfactorios, que hasta hace poco no era demasiado frecuente en el sector productivo cerealista español, y este salto cuantitativo se ha debido fundamentalmente al incremento del potencial productivo de las nuevas ob­tenciones vegetales de las que el agricultor dispone en la actualidad.

Figura 3. Evolución de los índices productivos medios sobre la variedad testigo de las nuevas variedades de cebada alternativa en la red de evaluación de nuevas variedades del IRTA en Cataluña. Campañas 1998 a 2008.

Por otra parte, la reciente aparición de va­riedades de cebada híbridas, parece poder incrementar asimismo los rendi­mien­tos alrededor de un 10% en condiciones óptimas de cultivo.

La posibilidad de comercialización de variedades registradas en otros países de la UE abrió la puerta a la irrupción en nuestro mercado de semilla de una considerable cantidad de nuevas variedades, mayoritariamente de origen centroeuropeo, que muestran un elevado potencial pro­ductivo, pero que es preciso saber ma­nejar, ya que en nuestras condiciones habituales de cultivo muestran con frecuencia algunas características no siempre favorables y que es conveniente conocer.

Hay que tener presente que este nuevo material vegetal ha sido mayoritariamente mejorado y obtenido para condiciones de cultivo propias de latitudes superiores y condiciones de pluviometría y temperatura muy diferentes a las nuestras. Bue­na parte de estas nuevas variedades no se siembran en dichos países antes del mes de marzo y son recolectadas durante el mes de agosto. Esto implica que no deben soportar bajas temperaturas invernales para las cuales no han sido mejoradas y a las que, lógicamente, muestran diferentes niveles de sensibilidad.

Por otra parte, la mayor parte del ciclo de cultivo en dichos países, se lleva a cabo en la época cálida del año, lo que implica que no son especialmente habituales condiciones agroclimáticas de temperaturas frescas o suaves junto a humedades am­bientales elevadas, que son condiciones idóneas para el desarrollo de enfermedades criptogámicas foliares en cebada. Así, la mayor parte de este tipo de material vegetal se muestra especialmente sensible a enfermedades fúngicas importantes en cebada, de entre las cuales destacaríamos la rincosporiosis (Rynchosporium secalis) por la intensidad y gravedad de los daños que puede provocar sobre la producción.

El manejo adecuado de estas nuevas variedades en nuestras condiciones habituales de cultivo debe tener presentes es­tas características comentadas anteriormente que implican la variación del guión tra­dicional de trabajo asociado a la producción de cebada en España. En este sentido, la difícil adaptación y modificación de la sistemática de las tareas agrícolas que realiza habitualmente el productor cerealista español hace que, según zonas, siembre la cebada a mitad de octubre, por ejemplo, independientemente del tipo de variedad que esté sembrando.

Foto 1. Diferencia de desarrollo vegetativo a mediados de marzo entre una variedad de invierno (derecha) y una variedad alternativa (izquierda), sembradas en la misma fecha. (Foto. A. López Querol)

Para las variedades tradicionalmente sembradas hasta hace poco en nuestro país, ésta puede ser una fecha ideal en buena parte del mismo, pero si estamos sembrando una variedad de tipo alternativo como las descritas anteriormente, pue­de resultar contraproducente. En efecto, la exposición de las plantas de cebada en sus primeros estadios de desarrollo a períodos de heladas invernales intensas y/o prolongadas, puede acabar con relativa fa­cilidad causando graves daños a variedades de cebada que no ofrecen resistencia al frío invernal.
En este supuesto, pue­de resultar más prudente la siembra de este tipo de material vegetal hacia la se­gunda mitad de no­viembre o bien, esperar a salida de in­vier­no y llevar a cabo la siembra a finales de enero o principios de fe­brero.

Por otro lado, la siembra demasiado precoz de este tipo de variedades puede hacer coincidir sus primeros estadios de desarrollo con períodos de lluvias y nieblas, condiciones idóneas para la infección y desarrollo de la rincosporiosis (Rynchos­porium secalis) a la que, como se ha co­mentado, la mayor parte de nuevas variedades de tipo alternativo es especialmente sensible y que, de producirse, invitará a un tratamiento fungicida preventivo o curativo que raramente se realizaba sobre cebada con las variedades tradicionalmente sembradas hasta ahora.

En este caso, el retraso en la fecha de siembra tradicional también puede resultar de suma utilidad al no provocar la coincidencia de las condiciones climáticas descritas con estadios de la planta en los que se muestra susceptible a este tipo de en­fermedades.

 

Las variedades de cebada alternativas

La producción de cebada en regadío se realiza mayoritariamente con variedades alternativas, también llamadas tradicionalmente de primavera. La posibilidad de do­ble cosecha en buena parte de zonas re­ga­bles de España sitúa habitualmente como segunda producción el maíz de ciclo cor­to y, en menor grado, el girasol.

También en el caso de un único cultivo, suele ser el maíz de ciclo largo el que se produce de forma mayoritaria. En ambas situaciones, la recolección tardía del maíz impide o dificulta en muchas ocasiones la siembra del cereal de invierno en fechas y condiciones adecuadas. Es en estas situaciones donde la cebada alternativa juega un papel primordial en los regadíos al permitir poder retrasar su siembra sin problemas.

Figura 4. Calendario recomendable de siembra de cebada en regadío en función de las variedades a sembrar.

El genoma de las variedades de cebada de invierno suele condicionar a éstas a acumular determinadas horas de frío para poder inducir la formación de la espiga. De modo complementario o alternativo, este tipo de material vegetal suele ser sensible al fotoperiodo, de manera que frena su desarrollo vegetativo aéreo en invierno y lo reanuda a medida que se incrementa el número de horas de luz del día y la temperatura. Es por eso que este tipo de variedades suelen sembrarse durante el mes de octubre y hasta mediados de noviembre en función de las zonas.

Las variedades de cebada alternativas, por el contrario, no precisan de horas de frío para la inducción del espigado y, en la mayoría de casos, su desarrollo vegetativo no suele ir ligado a la duración de las horas de luz del día. Es por ello que a salida de un invierno no especialmente frío, puede observarse una marcada diferencia de desarrollo vegetativo entre una variedad de invierno y otra alternativa ya que la primera ha frenado su desarrollo durante los meses de invierno, mientras que la segunda tan sólo lo ha ralentizado, en el peor de los casos. La foto 1 muestra un ejemplo de este comportamiento diferenciado.

Esta facultad de las variedades de cebada alternativas de poderse sembrar en fecha tardía las hace especialmente apropiadas para su cultivo en regadío tras una producción de maíz u otro cultivo de verano. La figura 4 esquematiza el calendario posible de siembra para ambos tipos de variedades de cebada.

 

Rendimientos productivos

Los rendimientos de las variedades varían lógicamente en función de su adaptación a las condiciones de cultivo y agroclimáticas de cada zona. Por ello, resulta imposible poder elaborar una única clasificación bajo dicho criterio, sino que se recomienda re­currir a la información que las diferentes en­tidades públicas de las respectivas co­munidades autónomas ponen a disposición de los agricultores interesados cada campaña.

Figura 5. Índices productivos plurianuales de las variedades evaluadas en ensayos realizados por el IRTA de las últimas 3 y 4 campañas en la zona de regadíos occidentales de Cataluña (Índice 100 = Variedad Pewter).

Los datos que pueden observarse en la figura 5 muestran el comportamiento productivo plurianual de las variedades de las que se dispone de datos de ensayos realizados por el IRTA de las últimas tres y cuatro campañas en la zona de regadíos occidentales de Cataluña.

Los resultados consultados en los regadíos de Aragón son coincidentes en lo que se refiere a las variedades que muestran una mejor adaptación y potencial productivos, por lo que podría decirse que el gráfico representa con suficiente fiabilidad ese comportamiento y adaptación a la zona de regadíos del Valle del Ebro.

Las variedades que muestran un comportamiento productivo significativamente mejor a lo largo de las cuatro últimas campañas son Scrabble, Christopher, Sanette, Shuffle y Style. Entre las variedades que se han ensayado durante tres campañas me­recen destacarse los excelentes resultados de RGT Planet y Pathfinder, aunque similares a nivel de significación estadística a los de Scrabble, Christopher y Sa­nette.

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