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Control biológico en cultivos hortícolas, buscando biodiversidad

Control biológico en cultivos hortícolas, buscando biodiversidad

El control biológico forma la base para el control de plagas en Almería desde 2007, cuando se implementó masivamente en el cultivo de pimiento. Posteriormente, también en otros cultivos, la introducción de insectos y ácaros auxiliares ha marcado un antes y un después. Para los agricultores, esto supuso el final de la desesperante dependencia de plaguicidas químicos, que habían perdido su eficacia, mientras que mejoraron sus cosechas. Para Almería, el control biológico ha sido la salvación de uno de sus pilares económicos más importantes. Gracias a “los bichos”, la horticultura goza de una excelente posición en el mercado internacional, que se traduce en una facturación anual de cientos de millones de euros.

Jan van der Blom y y Eduardo Crisol Martínez. Técnicas de Producción de Coexphal (Almería).

Foto 1. Creontiades pallidus afectado por el hongo entomopatógeno Entomophthera erupta.

A pesar de su importancia, el de­sarrollo del control biológico no sigue el ritmo de la aparición de nuevas plagas. Siguen funcionando bien los ácaros y los chinches contra plagas tradicionales, pero hay pocas respuestas a nuevas amenazas.

Contra las nuevas plagas, y contra al­gunas de las viejas, se actúa lo mejor posible según los principios del control integrado: aplicando medidas preventivas, trampas o tratamientos químicos compatibles con la fauna auxiliar. Especialmente con res­pecto al control químico selectivo se es­tán presentando problemas graves. Hay muy pocas materias activas disponibles, contra las que las plagas desarrollan una resistencia cada vez más acusada. No cabe esperar que aparezcan nuevos plaguicidas que podrán ofrecer soluciones a medio y largo plazo. A continuación, se describen los retos pendientes en los diferentes cultivos principales.

 

Pimiento

En el cultivo de pimiento, la importancia de la fauna auxiliar contra trips, Frankliniella occidentalis, y mosca blanca, Bemisia ta­baci, es fundamental e indiscutible. Las sueltas de Amblyseius spp. y Orius laevigatus (foto principal) son una práctica común en todas las fincas, que generalmente consiguen resultados muy satisfactorios. Algo menos previsibles son los resultados contra pulgón, especialmente si se presenta Macrosiphum euphorbiae.

A pesar de contar con una amplia gama de especies de fauna auxiliar contra estas plagas, se requieren nuevas iniciativas en investigación fundamental para entender la dinámica de las relaciones entre la plaga, las plantas del cultivo y la fauna auxiliar. En parte, puede ser una cuestión de (micro-) clima: tanto los parasitoides como los depredadores son poco eficaces al inicio del cultivo, con temperaturas altas y plantas pequeñas, mientras que funcionan bien en cultivos grandes y temperaturas más moderadas.

Foto 2. Nesidiocoris tenuis en tomate, depredador de mosca blanca y otras plagas.

Otro aspecto pendiente de profundizar es la comunicación que existe entre la planta y los enemigos naturales de sus plagas. No son las plagas mismas las que atraen a los enemigos naturales, sino los compuestos volátiles específicos, kairomonas, que emiten las plantas cuando están bajo la presión de una plaga. Puesto que diferentes plantas pueden producir distintas kairomonas, posiblemente haya problemas de adaptación para la fauna auxiliar que procede de crías masivas, al no poder reconocer las señales de las plantas del cultivo.

Una plaga nueva tras la introducción del control biológico es el chinche Creon­tia­des pallidus. Es un insecto relativamente grande, que en algunas empresas se ha convertido en un grave problema económico. Sus picaduras no solo deprecian una gran cantidad de los frutos directamente en los invernaderos, sino que también pueden servir como puerta de entrada para bacterias y hongos, responsables de pu­driciones, que muchas veces no se de­tectan hasta la llegada del producto a destino. Actualmente, no se disponen de he­rramientas biológicas para bajar sus poblaciones.

El uso de plaguicidas químicos contra Creontiades es muy complicado, puesto que las pocas materias activas disponibles también afectan de manera importante a Orius laevigatus, imprescindible para el control de trips. Por tanto, se han de aplicar todas las medidas preventivas posibles: mantener los invernaderos herméticamente cerrados con malla anti-insectos en las aperturas de ventilación; utilizar trampas cromáticas; y actuar con tratamientos muy localizados al detectar este chinche. A menudo, sobre todo en los meses de otoño, se presenta una solución biológica de forma espontánea, el hongo entomopatógeno Entomophthora erupta (foto 1). Este hongo se desarrolla en el abdomen del insecto, que se infla como un globo hasta explotar. Desgraciadamente no está disponible como insecticida microbiológico comercialmente.

 

Tomate

Bemisia tabaci

Desde la introducción de las colmenas de abejorros para la polinización en los años 90, el uso de plaguicidas siempre ha sido muy limitado en los cultivos de tomate. El primer objetivo del control biológico es la mosca blanca, Bemisia tabaci, contra la que se suelta el chinche verde, Ne­si­dio­co­ris tenuis (foto 2), una semana antes de llevar las plantas al invernadero. Así, la mayoría de las plantas son trasplantadas con los huevos del chinche, por lo que pronto empiezan a actuar como depredadores en el cultivo.

Figura 1. Porcentaje de la superficie de tomate en Almería con control biológico por Nesidiocoris tenuis.

Gracias a los trabajos realizados en el IVIA en Valencia1, conocemos mucho más sobre el papel de N. te­nuis en el cultivo. No solo tiene su efecto como depredador de mosca blanca, sino que también induce los sistemas de autodefensa de la planta cuando se alimenta de ésta. Las picaduras del chinche hacen que las plantas empiecen a emitir volátiles que repelen a la mosca blanca y atraen a sus parasitoides. Por esta razón, las plantas con N. tenuis están mejor protegidas contra las plagas y los virus que transmiten.

Hace unos años, en la campaña de 2013/14, se estimaba que N. tenuis estaba presente en el 85% de los cultivos de tomate desde el principio (figura 1). En las campañas posteriores, este porcentaje ha bajado por dos razones principales. En primer lugar, N. tenuis, como fitófago, puede hacer un daño importante a las plantas. En la mayoría de los invernaderos esto es manejable, realizando algún tratamiento para bajar la población en otoño. En invierno, época de mayor cosecha, la reproducción del chinche es lenta, por lo que no causa daño.

No obstante, especialmente en ciertas variedades delicadas de tomate o en invernaderos con calefacción, N. tenuis puede convertirse en una plaga, causando una notable merma en la producción. Otra razón para prescindir de los servicios de N. tenuis es que, aún siendo un depredador potente, no muestra suficiente eficacia contra dos plagas claves: vasates (Aculops lycopersici) y la polilla del tomate (Tuta absoluta).

Tuta absoluta

La polilla del tomate, Tuta absoluta, procedente de Latinoamérica, se manifestó como una típica plaga invasora, causando daños muy graves después de la primera incidencia en España en 2006. Varios productos fitosanitarios han sido registrados específicamente para el control de T. absoluta. Aunque el control químico continúa siendo la herramienta más comúnmente aplicada, la resistencia de la plaga contra las materias activas disponibles genera problemas de tal magnitud que muchos cultivos terminan a causa del daño de la po­lilla mucho antes de lo previsto.

Ne­si­diocoris tenuis juega un papel como de­predador de huevos y pequeñas larvas de T. absoluta, sobre todo cuando las plantas todavía son pequeñas, pero ya no en cultivos altos. Mucho más eficaces son algunos enemigos naturales que aparecen de forma espontánea desde fuera. Aunque inicialmente T. absoluta, al proceder de otro continente, no se encontró con enemigos naturales nativos y, por tanto, sus poblaciones se pudieron desarrollar libremente, pronto se produjo una respuesta ecológica.

Foto 3. Necremnus tutae, un parasitoide de Tuta absoluta que destaca por su eficacia y por su presencia.

En la cuenca del Mediterráneo, ya se han descrito más de 40 especies de parasitoides y depredadores de T. absoluta, de las que hay una que destaca por su presencia y eficacia: Necremnus tutae (foto 3). En Almería, se observó un control total de la plaga por este parasitoide en un solo invernadero en 2010, y en 2015 se concluyó que su presencia se había extendido a toda la zona productora de tomate (Van der Blom et al., 2016)2.

N. tutae es un ecto-parasitoide, que busca larvas de T. absoluta a través de las hojas. Pincha la larva de Tuta con su aguijón, la paraliza y pone un huevo al lado. La larva de Necremnus se alimenta de la polilla y cumple su ciclo larval y pupal en el mismo sitio en menos de dos semanas. Por su rápida reproducción y su enorme capacidad de búsqueda de presas, es ca­paz de controlar una gran población de T. absoluta en pocas semanas, siempre y cuando no haya tratamientos perjudiciales de por medio. El enorme potencial de este parasitoide ha sido demostrado en 2017, cuando de 32 invernaderos donde se realizó un muestreo periódico, se alcanzó un control total de la polilla en 22, sin pérdidas significativas en la cosecha (Crisol y Van der Blom, 2018)3. En los otros 10, sí se de­tectó el parasitoide, pero su desarrollo fue limitado a raíz de tratamientos químicos incompatibles.

Hasta la fecha, no se ha conseguido criar Necremnus en masa. No está disponible de forma comercial, por lo que es fun­damental que se realice un monitoreo para detectar su presencia y que se respete con un manejo sostenible del cultivo. Hay que prescindir de algunos tratamientos, como el azufre en espolvoreo y otras materias activas, que afectan a himenópteros. Se puede iniciar el control biológico con el parasitoide de huevos Tricho­gramma acheaea, que frena el desarrollo de la plaga, pero generalmente no se instala suficientemente bien para controlar T. absoluta. Aparte del control biológico, se pueden utilizar técnicas complementarias, como la confusión sexual me­diante difusores de feromonas, o las trampas de diferentes tipos.

Aculops lycopersici

Vasates (Aculops lycopersici), puede ser muy virulento y difícil de manejar. No disponemos de fauna auxiliar y las posibilidades con productos fitosanitarios son limitadas. Es una plaga que prospera en condiciones de sequía, por lo que ayuda mucho la humidificación para evitar valores de humedad relativa extremadamente bajas. Es importante actuar sobre los primeros focos, mediante tratamientos localizados.

 

Cucurbitáceas

Foto 4. Lobularia marítima, planta auxiliar con abundante floración para ofrecer refugio y alimentación a los enemigos naturales.

Desde 2013, una de las mayores preocupaciones en cultivos de cucurbitáceas, so­bre todo en calabacín, es el virus de Nueva Delhi (TLCNDV), trasmitido por mos­ca blanca. A consecuencia de este virus, el ni­vel de tolerancia de la mosca blanca es muy bajo. Es por esta razón que muchos agricultores han optado por tratamientos químicos, por lo que el uso de control biológico se ha limitado a menos del 50% de los cultivos de pepino y menos del 20% de los de calabacín.

No obstante, la protección por insecticidas no es, en absoluto, completa. En cambio, los resultados del control biológico son muy buenos. En cucurbitáceas, la base del control biológico es la introducción de ácaros depredadores, del género Amblyseius, que actúan contra trips y mosca blanca, cuyas poblaciones se refuerzan con alimentación específica sobre las hojas. En ensayos del IFAPA en Almería4, se ha demostrado que las plantas de calabacín con ácaros depredadores son mucho menos atractivas para mosca blanca que aquellas sin ácaros, por lo que son menos vulnerables frente al virus. En campo se observa una incidencia baja del virus de Nueva Delhi en los invernaderos con control biológico, en comparación con los que dependen exclusivamente de los plaguicidas químicos.

 

Nuevas soluciones, biodiversidad funcional

En todos los cultivos es urgente completar las soluciones biológicas a las plagas emergentes, puesto que el control químico se enfrenta a serias limitaciones. En parte, estas soluciones consisten en buscar otras especies auxiliares que se presten para ser criadas y liberadas en invernaderos. Pero, probablemente más importante es la adaptación del manejo de los cultivos y sus entornos. Para que la fauna auxiliar asuma un papel principal, hay que crear las condiciones para que una amplia gama de especies pueda contribuir.

Foto 5. Seto recién plantado, una iniciativa cada vez más extendida en el exterior de los invernaderos.

En la actualidad ya existe un papel im­portantísimo, y cada vez más reconocido y documentado, de los enemigos naturales que invaden los cultivos de forma espontánea. Este es el caso de los parasitoides de Tuta absoluta, e igual ocurre con una gran cantidad de parasitoides y depredadores de pulgón, de mosca blanca, de trips, etc. Dentro de los invernaderos, ya es habitual encontrar plantas auxiliares con abundante floración (foto 4), para ofrecer refugio y alimentación adicional a los enemigos na­tu­rales, mientras que alrededor de los invernaderos, hay cada vez más iniciativas para romper la hegemonía de las plagas y frenar su dispersión mediante las plantaciones de setos y pequeños bosques (foto 5). Al­gunos ayuntamientos ya han incorporado la obligación de realizar estas plantaciones en sus nuevas ordenanzas municipales.

Con todo ello, la horticultura está cambiando el concepto. En vez de cultivar en un entorno estéril, se reconoce que la biodiversidad es funcional. Se sueltan bichos, se plantan flores y setos, sabiendo que esta biodiversidad ofrece la única salida hacia un control sostenible de plagas.

 

Notas de los autores

1 Pérez Hedo et al., 2015. J of Pest Science, 88: 543-554.
2 Van der Blom et al. 2016. Phytoma 267: 24-28.
3 Crisol y Van der Blom, 2018. Bull. OILB, Lisboa (en prep.).
4 Tellez et al., 2017. Biol. Control 114: 106-113.

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